domingo, 24 de julio de 2011

paso de ser un juego a una forma de vida...

Cuando era un niño, en el lugar donde naci, había un juego que se llamaba el cuarto oscuro. Donde alguien entraba a la habitación con las luces apagadas y buscaba a tientas a todos los demás que estaban escondidos por ahí. Era algo asi como volverte ciego y buscar a alguien que te guie un poco.
Hoy el planeta se apago para mi, y estoy en la misma posición de ese juego. Salgo a tientas, con los brazos hacia adelante intentando reconocer algo o alguien.  Por momentos me guio por los ruidos, otras por las voces, pero hoy hay voces que no quiero escuchar, hay voces que no entran por los oídos, entran por el pecho, como un puñetazo, y no me quitan el aire, me quitan todo el agua del cuerpo, que se pierde por los ojos, como si fuese una canilla rota, imposible de cerrar. Todo me desorienta mas.
Desearía ser ciego de recuerdos, ser sordo de voces que hieren, desearía que el mundo no opine, desearía ser solo vos y yo en el planeta, y que no exista nada mas, ni las casas, ni sillas, ni camas, ni platos, ni autos, ni libros, ni cámaras fotográficas, ni bicicletas, ni mapas, ni nada, para que solo nos necesitemos nosotros, para que nada nos llame la atención mas que el otro, para que no nos distraigamos con nimiedades, para que nos podamos sentar en nuestras risas, o dormir sobre nuestro amor, caminar sobre nuestros alaridos, para poder vivir dentro de nuestras miradas sin pasar frio. Quisiera que hoy, cuando busco a tientas, tu vos sea una guía y no un proyectil. Oírte hoy me saca el aire.
La luz del planeta se apago, y con eso se apago mucho mas que la claridad. Se apagaron muchos sueños, muchos deseos.
Los chistes que antes me hacían reir hoy hacen llorar, y es una simple paradoja, pero una fuerte sensación de distancia con alguien que su momento me hizo ver en miles de cuartos oscuros.
Pero ahora que me acuerdo, cuando era un niño me gustaba ser el que buscaba a los demás en la oscuridad, porque esconderse era demasiado fácil, y lo que hacia era recorrer cada centímetro del cuarto y no dejaba ningún rincón sin buscar, y todos aparecían, y era yo el que prendía la luz contento viendo las caras de los demás. Entonces pienso que tengo la cualidad de ser vidente en un mundo lleno de ciegos de mierda, que no pueden parar un segundo y darse cuanta que para andar, hace falta mas que nuestros sentidos, hacen falta ganas, y eso me sobra.

viernes, 22 de julio de 2011

Carta a mi mismo de alguien que soñé.

Antes que nada se conciente que el que te escribe soy yo, o sea, vos. Desde adentro, desde ese lugar que nadie puede ver pero todos opinan, desde ese lugar vulnerable, incomodo pero reconocible.
No te voy a aconsejar, no suelo hacerlo, solo voy a decir las cosas como son, y vos, (o sea yo), sacaras conclusiones.
Una vez alguien te golpeo, y sentiste la humillación, conociste la vergüenza, viste el brillo oscurísimo en los ojos antes del golpe. Lo físico no fue lo que dolio, lo que dolio fue el odio que viste, la furia contenida en una espacio tan chico, fue la sorpresa. Pero eso paso, y paso el tiempo. Y muchos años después algo de eso se repitió, volviste a ver ese brillo en unos ojos que creías que reian. Y no solo fue la sorpresa la que te vino de repente con el recuerdo, sino que volvió el dolor, volvió esa sensación de que no hay lugar donde resguardarse del daño humano. Pensaste claramente que preferías el golpe que ver esa mirada. Lo recordas claramente. Ese brillo asusta, da miedo, y no da claridad, al contrario, te pierde en tu propio espacio conocido y es peor que perderse en un laberinto.
Una vez creiste en las personas, confiaste, y alguien te defraudo, en realidad varios te defraudaron, y decidiste no entregarte mas a la confianza. Decidiste dejar de ser vos, siendo vos mismo para los demás, pero otro para vos mismo. Decidiste que no querías que nadie llegue a conocerte realmente, asi nadie puede ver que hay detrás de una imagen que cuenta lo que no sos. Decidiste no librar las cosas al azar, porque el azar no existe, y si existe es demasiado irregular para tu gusto. Entonces te ataste los cordones con fuerza, levantaste la mirada, forzaste una sonrisa para el afuera, y afilaste tu instrumento, que también es tu arma de guerra. Y el camino se hizo algo mas claro.
Alguien una vez te dijo que eras increíble, que eras talentoso,  que el mundo tenia que tener mas gente como vos, que explotes tu ser, que tenes cosas para decir, que haces las cosas bien, que tenes un hogar en cada lugar del mundo, que tenes linda sonrisa, que cebas ricos mates, y vos seguiste caminando.
Con esto no quiero decir nada, solo cuento algunas cosas. Que no se si son reales o las soñé, pero debes prestarle atención.

Observo, pregunto y percibo...a veces por demas.

De vos aprendi a respirar en los momentos de furia, o no ver un problema donde no lo hay, a que caminar los días de lluvia no es tan aburrido, a que hay variedades de salsas para cocinar cuando se hacen pastas. Aprendi a seguir mas mis instintos, a hacerme escuchar, a ser mas seguro, a comer el pollo con la mano, a bailar cuando me levanto, a buscar música, a disfrutar del arte, a saber viajar, a querer escuchar, a no hablar cuando no es necesario, y a hacerlo cuando si se necesita, a no evadir, a insistir con lo que quiero, a no sentir culpa por pasar periodos sin que me entre dinero en una profesión enclenque, a pelar una palta con una cuchara, a usar especias, a oler el té, a amar a los animales, a mirar al cielo, a reir , a reir a carcajadas, a volver a respirar profundo mirando el mar.
Todo esto lo aprendi de vos, eso no significa que vos me lo enseñaste, si lo tenias planeado, si sabias que todo era una enseñanza. Lo aprendi observando, sin que vos te des cuenta que me enseñabas.
También aprendi a dejarme caer, a perder el eje, a no tener ganas de nada, a odiar, a adiarme, a no tener ganas de comprender, a caminar con los ojos cerrados, bien cerrados, a no dormir, a observar pupilas, a ver la debilidad del otro y atacar ahí, a sacar ventaja, a llorar, a llorar desgarradoramente, a mentir, a gritar, a desconfiar, hasta de mi, lanzar insultos, descreer, seguir llorando, a no comer, a beber, a envidiar, a golpear, a degustar el malestar. Aprendi a no planear, a no tener planes mejor dicho, a abrir viejas heridas, a distanciar gente, a no entender nada, a no tener ganas de entender nada, a armarme un escudo, a luchar, a la distancia, a abrir bien los ojos, a escupir al cielo, a depender, de algo de alguien, a  dar vuelta la pagina, de menospreciar, a subestimar, a dar un giro y mostrar la espalda.
Todo esto lo aprendi de vos, no quiere decir que vos me lo enseñaste, sino que simplemente supe observar, y vos no sabias que me lo estabas enseñando. Soy buen observador, no se si es bueno o es malo, pero eso me hace aprender.
Podría nombrar ciento de miles de cosas que aprendi, pero a veces no vale la pena ser tan claro….o no es necesario.

viernes, 8 de julio de 2011

lo bello bajo la mugre....

Ayer alguien me dijo, “porque estas viviendo en la mugre?”, supuse que se refería a una especie de carretilla de madera que había juntado de la calle. Estaba en una construcción, sucia, con cemento, a primera vista no tenia sentido haberla traido a casa, pero algo me había llamado la atención.
“no te importa si vivo o no en la mugre, ahora ya no tenes ningún poder sobre mi, y vivo como quiero”, ella se enfureció, mostro su parte mas salvaje, su fachada de princesa se desmorono en unas vísceras espartanas. Y el dolor volvió a envolver el lugar.
Horas después, empece poco a poco a limpiar esa carretilla, empece a sacarle el cemento con una espátula, y todo caia a pedazos, había mucho polvillo, pero segui, y a medida que esa carcaza que cubria la madera empezó a caer, lentamente asomaba una hermosa figura de una madera noble, fuerte, que se escondia bajo esa espesa mugre, sonreí. Después empece a lijar y la madera quedaba cada vez mas linda, todo tomaba forma, el polvillo seguía envolviendo el espacio haciendo una imagen lúgubre casi.
pare por un segundo y mire la carretilla, ya no era una masa de algo debajo de una pesada capa de cemento, sino que empezaba a tener forma, empezaba a ser algo. Fue como si la belleza surgiera debajo del lodo.
Sentí una especie de felicidad al imaginar que había sacado de la nada algo maravillosamente lindo. Y pensé que a veces los seres humanos somos asi, como esa carretilla que por algún motivo estaba escondida bajo esa carcaza, bajo ese escudo, hasta que encuentra a alguien que hace florecer lo mejor de uno.
A veces también es al revés, encontramos una flor hermosa, en  medio de un pantano, y cuando la queremos oler, lentamente entra su ponzoña en la sangre hasta secarnos, debilitarnos, y en algunos casos morimos.
Si, quizás estoy viviendo en la mugre, pero en esa mugre busco lo bello que el común de la gente no va a poder ver nunca, y se estará perdiendo lo mas lindo que tiene esta existencia, descubrir que debajo de lo que para algunos es mugre, hay para otros la belleza que el mundo desecha.
Y entonces muchos años después algo se me hizo carne, “lo esencial es invisible a los  ojos” (por suerte)

jueves, 7 de julio de 2011

receta para un rico final...

Todo tiene un fin….todo tiene un fin?. Todo debería tener final…..todo debería tener un final?. Si los finales dejan esto que siento en la garganta no quiero finales. Porque un “adiós”, aunque sea por escrito tiene el peso de una montaña. Leo un “adiós” y algo en los latidos del corazón se modifico, la saliva no podía pasar por mi garganta, no pude pestañar. Y por eso me pregunto porque todo debería tener un final.
A veces las cosas necesitan un corte definitivo para darle lugar a cosas nuevas y mejores. Si, me gusta eso, pero desde ese “adiós” hasta un nuevo “hola” hay un espacio de tiempo, lugar que hay que afrontar, que hay que transitar, y al caminarlo los pasos resuenan tan fuerte en lugares vacios que hacen eco de una gran soledad. En ese transitar todo lo malo parece ser visto como algo bueno, y las cosas buenas se recuerdan con lagrimas de tristeza, con un hueco en el pecho.
Hay que darle lugar a cosas nuevas, si, lo se, pero también hay que saber masticar el dolor, saborearlo, tragarlo y digerirlo. Hacer una sobremesa con ese plato, y en lo posible dormir una siesta para poder levantarse nuevamente con hambre, sino es como una dieta que nunca de resultado y el sobrepeso siempre va a estar y lo vamos a ver no solo en los espejos, sino en nuestras manos, en nuestros pasos lentos, en nuestras palabras, en nuestra falta de apetito.
Para saborear y distinguir los condimentos hay que  haber probados platos desabridos, hay que saber cuanto le falta de cocción, hay que haber pasado hambre y sed, que tampoco hay vino alguno que la quite.
Yo no soy un chef, para nada, pero para saber preparar un plato no siempre es necesario saber, a veces basta solo con tener ganas de aprender, en no hacer dos veces el mismo plato con la misma cantidad de sal.
Hay que andar, hay que saber escuchar, saber escucharse, hay que darle salida a los dolores para poder conocer lo nuevo sin rencores.
Un “adiós” duele, claro que duele,  pero no se si hay que darle un final, solo hay que saber digerirlo. Yo nunca me olvide de los platos exquisitos que comi en mi vida, y cuando los quise volver a comer no sabían igual de rico, pero eso no me detuvo, al contrario, hizo que mi paladar sepa esperar al próximo plato, para después poder dormir en paz, y levantarme con hambre nuevamente.